Deporte adaptado que permite a personas de todas las edades jugar al fútbol caminando, el walking football experimenta un notable crecimiento en el Hexágono.
El walking football, o fútbol caminando, continúa su espectacular desarrollo en Francia. Esta disciplina, que permite a los jugadores practicar el balón sin correr, atrae a un número creciente de practicantes en todo el país. Inicialmente concebido para los seniors que desean mantener una actividad física, este deporte se ha abierto a un público cada vez más diverso.
Las reglas son simples: los jugadores deben mantener al menos un pie en contacto permanente con el suelo. Trotar y correr están prohibidos, bajo pena de sanción. Este marco permite a personas de todos los niveles encontrarse en un terreno de juego, en un espíritu cordial y accesible. Los partidos se juegan generalmente a effectifs reducidos, a menudo a siete contra siete, lo que facilita la organización y el intercambio.
En Bretaña, especialmente en Quimper en el Finistère, eventos como el Challenge de Cornouaille reúnen regularmente a decenas de equipos. Estos encuentros permiten a los apasionados competir en un ambiente relajado, lejos de la competencia encarnizada del fútbol tradicional. Los participantes aprecian particularmente este compromiso entre actividad deportiva y vínculo social.
Más allá del aspecto lúdico, el walking football presenta beneficios para la salud nada despreciables. Los médicos recomiendan frecuentemente esta práctica a personas en retomar de actividad o que presentan limitaciones físicas. El ritmo moderado permite trabajar la resistencia y la coordinación sin solicitar excesivamente las articulaciones. Numerosos clubes han integrado esta disciplina en su oferta, proponiendo horarios adaptados a los diferentes públicos.
El fenómeno supera ampliamente las fronteras bretonas. En el territorio nacional, son varios miles de licencias los que practican actualmente el walking football de manera regular. Este crecimiento da testimonio de una demanda real por deportes inclusivos, capaces de adaptarse a las capacidades de cada uno.
Las reglas son simples: los jugadores deben mantener al menos un pie en contacto permanente con el suelo. Trotar y correr están prohibidos, bajo pena de sanción. Este marco permite a personas de todos los niveles encontrarse en un terreno de juego, en un espíritu cordial y accesible. Los partidos se juegan generalmente a effectifs reducidos, a menudo a siete contra siete, lo que facilita la organización y el intercambio.
En Bretaña, especialmente en Quimper en el Finistère, eventos como el Challenge de Cornouaille reúnen regularmente a decenas de equipos. Estos encuentros permiten a los apasionados competir en un ambiente relajado, lejos de la competencia encarnizada del fútbol tradicional. Los participantes aprecian particularmente este compromiso entre actividad deportiva y vínculo social.
Más allá del aspecto lúdico, el walking football presenta beneficios para la salud nada despreciables. Los médicos recomiendan frecuentemente esta práctica a personas en retomar de actividad o que presentan limitaciones físicas. El ritmo moderado permite trabajar la resistencia y la coordinación sin solicitar excesivamente las articulaciones. Numerosos clubes han integrado esta disciplina en su oferta, proponiendo horarios adaptados a los diferentes públicos.
El fenómeno supera ampliamente las fronteras bretonas. En el territorio nacional, son varios miles de licencias los que practican actualmente el walking football de manera regular. Este crecimiento da testimonio de una demanda real por deportes inclusivos, capaces de adaptarse a las capacidades de cada uno.
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Fuente: Ouest-France