A pocos días de la salida, el equipo de la navegante Sophie Faguet perfina los últimos ajustes en Saint-Malo, respaldado por dos granvilleses fieles.
La gran salida de la Route du Rhum se acerca a pasos agigantados. Este domingo 1 de noviembre de 2026, los veleros se lanzarán desde Saint-Malo con rumbo a Guadalupe, y en el tumulto de los muelles, el equipo de Sophie Faguet se ocupa de los últimos preparativos. Para la navegante, estas últimas horas antes de la salida representan la culminación de meses de trabajo colectivo y preparaciones meticulosas.
Entre los rostros familiares que la rodean en los muelles de Ille-et-Vilaine, dos granvilleses ocupan un lugar especial. Originarios de esta comuna costera del sur de Mancha, han elegido estar presentes al lado de Sophie Faguet para este momento clave de su carrera. Su compromiso ilustra los lazos estrechos que a menudo unen a los tripulantes con los navegantes, más allá de la simple cooperación técnica.
El ambiente en los muelles está cargado de energía. En el frío matutino, los tripulantes se afanan alrededor del velero, verificando cada detalle, cada cabo, cada sistema. Estos gestos, repetidos innumerables veces a lo largo de las semanas, adquieren una dimensión particular cuando se sabe que las condiciones de la travesía transatlántica serán exigentes. El trabajo en equipo se revela mucho más que una suma de competencias técnicas: es una aventura humana compartida.
Para Sophie Faguet, embarcar con una tripulación tan comprometida representa una ventaja importante. La Route du Rhum, carrera en solitario por definición, no debe eclipsar la importancia de los preparativos colectivos. Antes de hacerse a la mar en solitario, la navegante puede contar con apoyos incondicionales, venidos a veces de muy lejos para estar presentes en el momento fatídico. Estos granvilleses encarnan esa solidaridad preciosa que hace la fuerza de los grandes desafíos marítimos.
Entre los rostros familiares que la rodean en los muelles de Ille-et-Vilaine, dos granvilleses ocupan un lugar especial. Originarios de esta comuna costera del sur de Mancha, han elegido estar presentes al lado de Sophie Faguet para este momento clave de su carrera. Su compromiso ilustra los lazos estrechos que a menudo unen a los tripulantes con los navegantes, más allá de la simple cooperación técnica.
El ambiente en los muelles está cargado de energía. En el frío matutino, los tripulantes se afanan alrededor del velero, verificando cada detalle, cada cabo, cada sistema. Estos gestos, repetidos innumerables veces a lo largo de las semanas, adquieren una dimensión particular cuando se sabe que las condiciones de la travesía transatlántica serán exigentes. El trabajo en equipo se revela mucho más que una suma de competencias técnicas: es una aventura humana compartida.
Para Sophie Faguet, embarcar con una tripulación tan comprometida representa una ventaja importante. La Route du Rhum, carrera en solitario por definición, no debe eclipsar la importancia de los preparativos colectivos. Antes de hacerse a la mar en solitario, la navegante puede contar con apoyos incondicionales, venidos a veces de muy lejos para estar presentes en el momento fatídico. Estos granvilleses encarnan esa solidaridad preciosa que hace la fuerza de los grandes desafíos marítimos.
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Fuente: Ouest-France