El antiguo extremo izquierdo del HBC Nantes, Valero Rivera, sorprendió a su entorno al aceptar un puesto de entrenador de los menos de 17 años, apenas unos meses después de colgar las botas.
Valero Rivera siempre ha mostrado una certeza tranquila: no seguiría el camino paterno ni el de su padrastro. Su padre, estrella del balonmano mundial, condujo a España y al FC Barcelona hacia los más altos peldaños del podio. Su padrastro, Thierry Anti, también dejó una huella imborrable en este deporte. Sin embargo, apenas unos meses después de dejar su balón, el antiguo extremo izquierdo se encontró en un banquillo de los menos de 17 años del HBC Nantes.
Una reconversión que interroga. Rivera afirmaba hace poco que no se veía en ese papel. Los genes del balonmano fluyen quizás demasiado profundamente en sus venas para resistir a este llamado. «Ya estoy contaminado», reconoció él mismo con una sonrisa cómplice. Esta confesión revela cuánto la pasión del juego puede transformar las certezas más arraigadas.
El HBC Nantes supo aprovechar esta oportunidad. El club bretón ofrece a su antiguo jugador un marco para explorar este nuevo oficio. Los menos de 17 años se benefician ahora de la experiencia de un atleta que ha pisado los terrenos de juego más prestigiosos. Un passing del testigo entre generaciones que ilustra perfectamente la continuidad del balonmano nantés.
Esta transición ilustra también la dificultad para los antiguos jugadores de alejarse completamente del terreno. Valero Rivera descubre que el balonmano nunca se abandona del todo. Entre transmisiones y aprendizajes, traza ahora su propio camino en el cuerpo técnico, para mayor felicidad de su club de corazón.
Una reconversión que interroga. Rivera afirmaba hace poco que no se veía en ese papel. Los genes del balonmano fluyen quizás demasiado profundamente en sus venas para resistir a este llamado. «Ya estoy contaminado», reconoció él mismo con una sonrisa cómplice. Esta confesión revela cuánto la pasión del juego puede transformar las certezas más arraigadas.
El HBC Nantes supo aprovechar esta oportunidad. El club bretón ofrece a su antiguo jugador un marco para explorar este nuevo oficio. Los menos de 17 años se benefician ahora de la experiencia de un atleta que ha pisado los terrenos de juego más prestigiosos. Un passing del testigo entre generaciones que ilustra perfectamente la continuidad del balonmano nantés.
Esta transición ilustra también la dificultad para los antiguos jugadores de alejarse completamente del terreno. Valero Rivera descubre que el balonmano nunca se abandona del todo. Entre transmisiones y aprendizajes, traza ahora su propio camino en el cuerpo técnico, para mayor felicidad de su club de corazón.
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Fuente: Ouest-France