A pocas horas del inicio en Saint-Malo, dos navegantes separados por más de cincuenta años de vida comparten su apego común a la regata en alta mar.
Este domingo 1 de noviembre, la Route du Rhum zarpará desde Saint-Malo, en Ille-et-Vilaine. Antes de esta gran salida, dos patrones de trayectorias opuestas han aceptado reunirse para hablar de su pasión común. Charlie Capelle, de 71 años, es el veterano de la edición. Titouan Pilliard, de 20 años, es el benjamín. El azar ha querido que sus barcos estén amarrados en La Trinité-sur-Mer, en el Morbihan, a solo dos filas uno del otro.
El encuentro gira rápidamente en torno a una misma convicción: la regata en alta mar no puede vivir sin renovación. Para el mayor de los dos, la transmisión importa tanto como el rendimiento. Cuenta cómo el mar le enseñó paciencia y humildad, y cómo percibe hoy el deseo de las jóvenes generaciones de medirse con el océano. Para el más joven, la experiencia de sus mayores es un recurso valioso, siempre que se acoja con curiosidad y no con un respeto inmovilista.
Los dos navegantes también evocan la preparación de una travesía del Atlántico en solitario o con una tripulación reducida. Insisten en el papel de la meteorología, la gestión del sueño y el mantenimiento del barco, parámetros que marcan la diferencia a lo largo de varios miles de millas. El contraste generacional se aprecia en sus enfoques: mientras uno privilegia el análisis de largo recorrido y los ajustes probados, el otro apuesta por la innovación y las herramientas digitales de navegación.
Lejos de oponer ambas visiones, su intercambio pone de manifiesto una complementariedad. El veterano recuerda que cada edición del Rhum ha visto nacer vocaciones, a menudo en marineros que, al principio, no imaginaban poder algún día rivalizar con los más experimentados. El benjamín reconoce que mira esas trayectorias como modelos, sin pretender reproducirlas idénticamente.
Mientras los patrones se disponen a abandonar el puerto, este diálogo intergeneracional recuerda una realidad sencilla: la Route du Rhum, celebrada desde hace décadas, se nutre tanto de la memoria como del impulso de quienes la descubren. La salida del domingo será la ocasión de ver estas dos trayectorias, tan alejadas en el tiempo, lanzarse al mar en una misma carrera.
El encuentro gira rápidamente en torno a una misma convicción: la regata en alta mar no puede vivir sin renovación. Para el mayor de los dos, la transmisión importa tanto como el rendimiento. Cuenta cómo el mar le enseñó paciencia y humildad, y cómo percibe hoy el deseo de las jóvenes generaciones de medirse con el océano. Para el más joven, la experiencia de sus mayores es un recurso valioso, siempre que se acoja con curiosidad y no con un respeto inmovilista.
Los dos navegantes también evocan la preparación de una travesía del Atlántico en solitario o con una tripulación reducida. Insisten en el papel de la meteorología, la gestión del sueño y el mantenimiento del barco, parámetros que marcan la diferencia a lo largo de varios miles de millas. El contraste generacional se aprecia en sus enfoques: mientras uno privilegia el análisis de largo recorrido y los ajustes probados, el otro apuesta por la innovación y las herramientas digitales de navegación.
Lejos de oponer ambas visiones, su intercambio pone de manifiesto una complementariedad. El veterano recuerda que cada edición del Rhum ha visto nacer vocaciones, a menudo en marineros que, al principio, no imaginaban poder algún día rivalizar con los más experimentados. El benjamín reconoce que mira esas trayectorias como modelos, sin pretender reproducirlas idénticamente.
Mientras los patrones se disponen a abandonar el puerto, este diálogo intergeneracional recuerda una realidad sencilla: la Route du Rhum, celebrada desde hace décadas, se nutre tanto de la memoria como del impulso de quienes la descubren. La salida del domingo será la ocasión de ver estas dos trayectorias, tan alejadas en el tiempo, lanzarse al mar en una misma carrera.
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Fuente: Ouest-France