Entre cervecerías efímeras y food-trucks del pueblo, los restaurantes de Intra-muros viven un período singular.
El pueblo de la Route du Rhum, instalado en Saint-Malo, atrae cada año a miles de visitantes. En el puerto, las animaciones se multiplican: cervecerías efímeras, puestos de comida rápida, food-trucks. Esta oferta efímera, muy visible, contrasta con los establecimientos históricos de Intra-muros, situados a apenas unos pasos. La pregunta surge: ¿estas nuevas instalaciones desvían a la clientela de los restaurantes tradicionales?
Los hábitos de los visitantes han evolucionado. Muchos privilegian una comida rápida de pie, para no perderse ninguna de las festividades. Los organizadores de la carrera han reforzado además este aspecto festivo, con espacios dedicados a la cerveza y a la street food. Para los restaurantes de Intra-muros, la competencia ya no se limita a las mesas vecinas, sino también a estas estructuras temporales. Algunos profesionales de la restauración constatam una disminución de la clientela durante la quincena, mientras que otros estiman que el evento aporta globalmente más gente a la ciudad.
La situación varía según los establecimientos. Aquellos situados en los ejes principales, entre la puerta y el pueblo, se benefician de un flujo constante. Otros, más discretos, deben arreglárselas con una clientela que se dirige naturalmente hacia las animaciones. Los restauradores interrogados expresan sensaciones contrastadas: algunos ven en estas cervecerías efímeras una competencia desleal, otros ven una oportunidad de captar una clientela más joven y más festiva. Las opiniones divergen, pero todos están de acuerdo en un punto: la fisonomía de la ciudad cambia durante la carrera.
Más allá de la simple cuestión comercial, es la identidad de Saint-Malo la que está en juego. La ciudad histórica, con sus murallas y sus callejuelas, ¿debe adaptarse a un turismo de masas efímero? Los restaurantes de Intra-muros, guardianes de una cierta tradición culinaria, ¿deben revisar su modelo para sobrevivir? La respuesta no es única. Depende de la capacidad de cada uno para reinventarse, sin perder el alma de la ciudad corsaria. Una cosa es segura: la Route du Rhum no deja a nadie indiferente, ni a los marineros, ni a los comerciantes, ni a los golosos.
Los hábitos de los visitantes han evolucionado. Muchos privilegian una comida rápida de pie, para no perderse ninguna de las festividades. Los organizadores de la carrera han reforzado además este aspecto festivo, con espacios dedicados a la cerveza y a la street food. Para los restaurantes de Intra-muros, la competencia ya no se limita a las mesas vecinas, sino también a estas estructuras temporales. Algunos profesionales de la restauración constatam una disminución de la clientela durante la quincena, mientras que otros estiman que el evento aporta globalmente más gente a la ciudad.
La situación varía según los establecimientos. Aquellos situados en los ejes principales, entre la puerta y el pueblo, se benefician de un flujo constante. Otros, más discretos, deben arreglárselas con una clientela que se dirige naturalmente hacia las animaciones. Los restauradores interrogados expresan sensaciones contrastadas: algunos ven en estas cervecerías efímeras una competencia desleal, otros ven una oportunidad de captar una clientela más joven y más festiva. Las opiniones divergen, pero todos están de acuerdo en un punto: la fisonomía de la ciudad cambia durante la carrera.
Más allá de la simple cuestión comercial, es la identidad de Saint-Malo la que está en juego. La ciudad histórica, con sus murallas y sus callejuelas, ¿debe adaptarse a un turismo de masas efímero? Los restaurantes de Intra-muros, guardianes de una cierta tradición culinaria, ¿deben revisar su modelo para sobrevivir? La respuesta no es única. Depende de la capacidad de cada uno para reinventarse, sin perder el alma de la ciudad corsaria. Una cosa es segura: la Route du Rhum no deja a nadie indiferente, ni a los marineros, ni a los comerciantes, ni a los golosos.
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Fuente: Ouest-France