El encarecimiento de la gasolina y del gasóleo pesa sobre los desplazamientos de los equipos, hasta el punto de poner en cuestión el funcionamiento deportivo de algunos clubes.
Cada fin de semana, miles de federados franceses se ponen en carretera para disputar un partido o un encuentro. Para los clubes aficionados, el desplazamiento es una carga tan ineludible como recurrente, y el reciente repunte de los precios de los carburantes hace que su peso sea cada vez más difícil de soportar.
En Saint-Nazaire, los equipos de fútbol y voleibol participan en competiciones que les obligan a salir de la ciudad casi todos los fines de semana. Entre los microbuses, los vehículos particulares que aportan los voluntarios y los gastos de transporte de los jugadores, la factura se dispara de forma notable. Los directivos constatan que cada salida cuesta ahora bastante más que a principios de año.
Ante esta situación, algunos responsables afirman que tendrán que elegir entre varias opciones. Reducir el número de desplazamientos, compartir vehículos, revisar el calendario de partidos o recurrir más a las familias figuran entre las vías barajadas. Cada una de estas soluciones tiene sus límites: menos encuentros pueden restar atractivo y progresión deportiva, mientras que una subida de las cuotas corre el riesgo de desanimar a socios ya sensibles a su poder adquisitivo.
La cuestión va, por tanto, más allá de la simple gestión presupuestaria. Afecta al propio modelo del deporte aficionado, basado en el compromiso voluntario y en la posibilidad de que cada equipo juegue con regularidad. Los clubes temen que una presión duradera sobre los gastos de desplazamiento acabe reduciendo la oferta deportiva local, sobre todo en las disciplinas cuyos encuentros se celebran lejos de casa.
Las federaciones y las entidades locales son requeridas con regularidad para apoyar a estas estructuras. Los directivos esperan respuestas concretas, ya sean ayudas puntuales, facilidades de transporte o una reflexión sobre la distribución geográfica de las competiciones. Mientras tanto, los clubes siguen ajustando sus prácticas día a día, con la esperanza de que la tendencia de los precios acabe estabilizándose.
En Saint-Nazaire, los equipos de fútbol y voleibol participan en competiciones que les obligan a salir de la ciudad casi todos los fines de semana. Entre los microbuses, los vehículos particulares que aportan los voluntarios y los gastos de transporte de los jugadores, la factura se dispara de forma notable. Los directivos constatan que cada salida cuesta ahora bastante más que a principios de año.
Ante esta situación, algunos responsables afirman que tendrán que elegir entre varias opciones. Reducir el número de desplazamientos, compartir vehículos, revisar el calendario de partidos o recurrir más a las familias figuran entre las vías barajadas. Cada una de estas soluciones tiene sus límites: menos encuentros pueden restar atractivo y progresión deportiva, mientras que una subida de las cuotas corre el riesgo de desanimar a socios ya sensibles a su poder adquisitivo.
La cuestión va, por tanto, más allá de la simple gestión presupuestaria. Afecta al propio modelo del deporte aficionado, basado en el compromiso voluntario y en la posibilidad de que cada equipo juegue con regularidad. Los clubes temen que una presión duradera sobre los gastos de desplazamiento acabe reduciendo la oferta deportiva local, sobre todo en las disciplinas cuyos encuentros se celebran lejos de casa.
Las federaciones y las entidades locales son requeridas con regularidad para apoyar a estas estructuras. Los directivos esperan respuestas concretas, ya sean ayudas puntuales, facilidades de transporte o una reflexión sobre la distribución geográfica de las competiciones. Mientras tanto, los clubes siguen ajustando sus prácticas día a día, con la esperanza de que la tendencia de los precios acabe estabilizándose.
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Fuente: Ouest-France