El regatista Achille Nebout, que disputará su primera Route du Rhum en 2026, señala la fragilidad económica de la competición en Class40.
La Route du Rhum 2026, cuya salida se dará en Saint-Malo el 1 de noviembre, se perfila ya como una cita importante para la clase Class40. Entre los inscritos figura Achille Nebout, patrón del barco Amarris, que vivirá allí su primera participación en esta mítica travesía transatlántica. Pero más allá de la preparación deportiva, es la cuestión económica la que centra su atención.
Interrogado sobre la capacidad de los patrones para hacer frente a los costes de la competición, el navegante considera que todos los actores del sector deben medir la importancia de la remuneración de los marinos. Socios, clases y organizadores estarían, según él, llamados a tomar conciencia de esta realidad para que la disciplina siga siendo accesible y viable.
El diagnóstico que plantea es sin rodeos: en su deporte, las dotaciones en dinero, a menudo denominadas prize money, no existen realmente en el sentido de que pudieran cubrir el conjunto de los gastos asumidos. Para ilustrar esta situación, afirma que, en la clase Class40, solo el vencedor lograría reembolsar los gastos de inscripción y de participación en la prueba.
Esta declaración pone de relieve una dificultad recurrente de la navegación oceánica: la financiación de un programa de regatas descansa la mayoría de las veces en la búsqueda de patrocinadores, socios privados y apoyos institucionales, en un contexto en el que los retornos económicos directos siguen siendo limitados para la mayoría de los competidores. Los presupuestos destinados a la construcción, el mantenimiento, la logística y la preparación física y técnica pueden alcanzar rápidamente cifras considerables.
El debate planteado por Achille Nebout va, por tanto, mucho más allá de su caso personal. Cuestiona el lugar que se concede a los patrones en la economía de la regata oceánica y la manera en que la disciplina podrá, en el futuro, atraer a nuevos talentos sin que la participación se reserve a unos pocos perfiles con medios económicos importantes.
Interrogado sobre la capacidad de los patrones para hacer frente a los costes de la competición, el navegante considera que todos los actores del sector deben medir la importancia de la remuneración de los marinos. Socios, clases y organizadores estarían, según él, llamados a tomar conciencia de esta realidad para que la disciplina siga siendo accesible y viable.
El diagnóstico que plantea es sin rodeos: en su deporte, las dotaciones en dinero, a menudo denominadas prize money, no existen realmente en el sentido de que pudieran cubrir el conjunto de los gastos asumidos. Para ilustrar esta situación, afirma que, en la clase Class40, solo el vencedor lograría reembolsar los gastos de inscripción y de participación en la prueba.
Esta declaración pone de relieve una dificultad recurrente de la navegación oceánica: la financiación de un programa de regatas descansa la mayoría de las veces en la búsqueda de patrocinadores, socios privados y apoyos institucionales, en un contexto en el que los retornos económicos directos siguen siendo limitados para la mayoría de los competidores. Los presupuestos destinados a la construcción, el mantenimiento, la logística y la preparación física y técnica pueden alcanzar rápidamente cifras considerables.
El debate planteado por Achille Nebout va, por tanto, mucho más allá de su caso personal. Cuestiona el lugar que se concede a los patrones en la economía de la regata oceánica y la manera en que la disciplina podrá, en el futuro, atraer a nuevos talentos sin que la participación se reserve a unos pocos perfiles con medios económicos importantes.
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Fuente: Ouest-France